PORTADAS LIDER-08

TIPS PARA MAMÁS

por Jimena Orea

Hola

Hoy terminé de leer el primer capítulo del libro “21 DIAS SIN EXPLOTAR”, ya lo había visto antes , pero no me animaba a comprarlo , sin embargo , ahora que Ana Regina está en casa, lo descargé sin pensarlo.

Uno de  mis miedos más grandes es llegar a explotar con Ana (mi hija) , llegar a herirla física o psicológicamente, y después arrepentirme , culparme o juzgarme.

Y sorpresa justo el 1 er capítulo habla sobre la CONFIANZA. La cual sé que debo confiar más en mi como mamá y en ella como ser humano, capaz de ser más grande que cualquier regaño o equivocación de su mamá.

Te estaré compartiendo  un poco por este medio … Abrazos.

CAPITULO 1

El programa natural

Para formar un bebé, la naturaleza trabaja durante 40 semanas en el vientre de la madre. Siempre y cuando todo esté funcionando bien, al cabo de ese tiempo el bebé estará listo para nacer: como un pastel perfectamente cocido: color y sabor a papá y mamá.

¿Qué tiene que hacer mamá para que este milagro suceda en su vientre?

Realmente no mucho. Nutrirse y cuidarse, ejercicio moderado, y sus actividades habituales. La sabiduría de su cuerpo se encarga del resto.

Pero una vez que nace la cosa cambia. Pareciera que mamá -y ahora papá también- tiene que hacerlo todo para que el bebé crezca sano y saludable, ¿verdad?

No es cierto. La naturaleza sigue haciendo la mayor parte. Si bien hay mucho más que hacer, el programa biológico del bebé sigue su curso. Crece, adquiere habilidades, aprende a sentarse, a gatear, a caminar, a hablar… Sin ninguna ayuda. Aunque existan 800 mil técnicas de “estimulación” para que tu hijo nazca caminando y sea un genio, siempre y cuando sus necesidades básicas estén cubiertas, él seguirá desarrollándose de acuerdo con su programa natural.

Criar un hijo no es como construir una casa. Tú no lo diseñas ni escoges los materiales, o le das forma mientras lo construyes. Desde su concepción el niño ya trae un patrón original, insertado profun- damente en su código genético. Si tú desaparecieras de su vida hoy, su proceso de desarrollo continuaría, con o sin ti.

Sin embargo, tu hijo sí está en un proceso de autoconstrucción. Toma los materiales que la vida le presenta y tú eres uno de los más importantes. Todo lo que aportas a su vida puede volverse un ladrillo, una varilla, un cristal o parte de su cableado eléctrico, si él decide tomarlo y hacerlo parte de él.

Hoy más que nunca vemos cómo existe una prisa neurótica para todo. Los bebés nacen antes de tiempo, programados para cesárea en la semana 39 para que salgan “eficientemente” en menos de 20 minutos. Van a clases de estimulación temprana y escuchan a Mozart con delfines para que se conviertan en genios antes de que digan “mamá” por primera vez. 

A nosotros nos encanta ir a ver casas. Es uno de nuestros pasa- tiempos espontáneos. Pero cada uno tiene su preferencia:

“A mí me apasiona entrar a ver casas en construcción. Tengo un ‘ojo de arquitecto’ y puedo ‘ver’ qué se está armando aun cuando solo haya algunos tabiques, varillas, cemento y vigas. Aprecio la belleza del proceso creativo antes de que sea evidente. ‘Gaby, ¡mira qué increíble va a quedar esta entrada!’, le digo, imaginando la puer- ta doble, el tejado y la bugambilia morada tapizando la columna.” Luis Carlos

“A mí, por el contrario, enséñamela bien terminada; con todo y muebles. Me fascina ver el producto final. Y si voy por la calle y veo una casa entreabierta, me encanta asomarme para ver cómo está (si me invitan a pasar, soy feliz). Y cuando Luis Carlos me pregunta en una de sus ‘obras pelonas’ que qué me parece y me empieza a describir los espacios vacíos llenos de lodo y cemento, yo nada más pienso: ‘Qué horrible, ¿a qué hora nos vamos?…’”. Gaby

El punto es que para construir tu casa puedes contratar a un arqui- tecto. Pero, para ayudar a tu hijo a autoconstruirse, es indispensable que reconozcas el impacto de lo que hiciste antes y de lo que haces hoy en su vida. Es necesario que tengas “ojo de arquitecto”.

Porque tus palabras y tus acciones formarán parte de esos ci- mientos sobre los que tu hijo construirá al adulto que será mañana.

Paciencia

Hay un ingrediente indispensable para desarrollar ese ojo de arqui- tecto que todo padre necesita: la paciencia.

La paciencia -la ciencia de la paz- implica saber esperar. Para saber cuándo y cómo actuar de la mejor manera, necesitas observar y ser paciente.

Cuando reaccionas de inmediato ante un comportamiento inade- cuado de tu hijo, agrandas el problema. Tu patrón reactivo hace que actúes de forma impulsiva e inconsciente. Y puede que seas de los que explota o de los que se aguanta ahora y explota después. En cualquier caso, el patrón reactivo es impaciente por definición. Te impide ver lo que tu hijo realmente necesita y te vuelve ciego ante lo que necesitas ver en ti.

En ese momento tú no estás al mando de lo que haces, tu patrón reactivo es quien toma el timón.

El encantamiento de ahora

¿Recuerdas el día que supiste que estabas embarazada, qué ibas a tener un hijo?

Día 1: El ojo de arquitecto

 “Yo sé que el amor es ciego porque te comencé a amar desde antes de verte.”

Hoy dedícate a soltar la prisa y tus expectativas. Permítete olvidar tus objetivos y tus metas respecto de tu hijo, o sobre este libro, y lo que quieres lograr con él. Deja a un lado tu necesidad de que tu hijo cambie. Solo por hoy.

Solo tu hijo puede sustituir un ladrillo roto o cambiar una co- lumna que no está firme en su interior. Tu papel no es cambiarlo, sino confiar en su patrón original, en la sabiduría de su esencia. Así como una madre embarazada ama y espera, también puedes obser- var y esperar para saber actuar de la forma correcta, en el momento correcto, cada día un poco más y mejor.

Reflexión: ¿Qué tan paciente eres ante los ojos de tu hijo?, ¿Cuándo no lo has sido?, ¿Cuándo sí? ¿Qué cosas te desesperan y te hacen reaccionar? Date cuenta. Si lo prefieres, puedes anotar tus respuestas en una hoja o libreta. Simplemente deja que tu mano escriba lo que salga de ti, sin juzgarte.

Practica hoy la paciencia con tu hijo: observa, espera y actúa con asertividad y mesura. Al final de este día, cuando estés acompañán- dolo en el ritual de dormir (revisa El Cuento del Niño)3, déjale saber esto con tus palabras:

“Hijo, siento mucho no haber sabido ser paciente contigo cuando __________________________________. Cuidaré estar más atenta de ahora en adelante…”

¿Qué tal, te gustó?

Abrazos y mucha confianza.

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