VÍCTIMA VERSUS VICTIMISTA

Por Adriana Cisneros Pieza

Me parece importante escribir este mes con todo lo que está sucediendo en la movilización femenina en México,  sobre los roles de víctima y victimario que se juegan en nuestra cultura.

Si buscamos la palabra víctima en un diccionario, encontraremos definiciones que tienen que ver en su origen con “ser sacrificado o destinado al sacrificio” y hoy en día con “sufrir un daño por acción u omisión, en manos de una persona o fuerza mayor”.

Por tanto podemos ser víctimas desde una catástrofe natural, a guerras, violencia, abuso, abandono….

En cuanto a la palabra victimario es “aquel que por su accionar, convierte a otro ser vivo en su víctima”, es decir, es su opuesto.

Por tanto se necesita que alguien juegue el rol de víctima y alguien de victimario, no puede existir el uno sin el otro.

Hablando de acciones que tienen que  ver con violencia y abuso en sus múltiples formas, los más afectados siempre van a ser primero los niños y después los adolescentes.

Esto tiene que ver con el nivel de vulnerabilidad en cuanto a que mientras más chico eres, tu cerebro está menos formado, la fuerza física es menor así como las posibilidades de huir del peligro. Esto hace que sean dependientes de los adultos, manipulables, propensos al engaño,  y rodeados de frustración y peligro que puede terminar en atentos contra su supervivencia.

En términos de género, lo común es que las niñas y adolescentes tiendan a ser más las víctimas de feminicidio, abuso sexual, trata de blancas y esto tiene que ver con nuestra historia de  discriminación, las creencias distorcionadas que hemos ido perpetuando de generación en generación y en general, la cultura que estamos co-creado hombres y mujeres.

Ahora bien, el término victimista a diferencia del de víctima corresponde a “adultos que de manera consciente o inconsciente se desrresponsabilizan de su implicación en un conflicto, responsabilizando únicamente a su entorno”.

La razón por la que distingo víctima de victimista es porque muchas veces usamos mal los términos y tendemos a sentirnos víctimas donde no corresponde, culpando a la otra parte de frustrar nuestro desarrollo.

Por tanto, en términos de parejas adultas en las que se vive violencia, pienso que es primordial señalar que ambos víctima y victimario son corresponsables de ese ciclo en un 50-50 ; y si dejamos de ver una de las partes implicadas, caemos en victimismos.

Este blog está dirigido a las mujeres adultas que pueden moverse de una relación violenta porque ya no son niñas, ya tienen el cerebro formado, mayor fuerza física, posibilidades de mantenerse, ya no dependen de un adulto y sobre todo tienen posibilidades de huir del peligro y la frustración.

Las invito a movernos del rol victimista y reconocer el 50% con el que contribuimos a crear ciclos de violencia.

Algunas de las formas que sobresalen por parte de la mujer son: ser dependientes en todo de los hombres, no poner límites, no querer tomar ninguna decisión porque implica angustia, exceso de obediencia, complacencia por baja autoestima, miedo a hacer cambios, no pedir apoyo, no huir del peligro, etc.

Con estas actitudes dejamos que los hombres carguen con nosotros y los culpamos de nuestra infelicidad, pero no nos damos cuenta de que al final nosotros estamos eligiendo un rol de mayor sometimiento para no vivir la angustia de buscar quienes somos, qué queremos, qué necesitamos y hacia donde movernos.

Propongo que nos unamos como mujeres a poner el límite y gritar juntas “YA NO MÁS” y al mismo tiempo comencemos a trabajar en acortar la distancia entre hombres y mujeres haciendo lo que nos corresponde. Recomiendo mucho leer el libro “LA LIDER” porque ahí viene cómo trabajar en nosotros de manera holística, también que busquen terapia, grupos de apoyo…

No nos quedemos únicamente en quejas y culpas, cuidemos de los niños y adolescentes que son las verdaderas víctimas y trabajemos en modificar creencias que dañan el equilibrio entre dar y recibir.

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